sábado, 4 de abril de 2015

Las vacaciones son...

Para leer en la playa,



para leer ya mientras desayunas,



para irte de viaje a alguna ciudad y descubrir librerías,


para espiar a extraños en Berlín mientras leen, y robarles una foto,


en definitiva, las vacaciones son para leer, leer y leer; y para dormir y soñar con todo lo que has leído.





P.d.: todas las imágenes son sacadas de ese arsenal de cosas bellas que es Pinterest.

viernes, 3 de abril de 2015

2015 empieza en abril.

La broma infinitaLa broma infinita by David Foster Wallace
My rating: 4 of 5 stars

Este será el año en que leí La broma infinita, una obra descomunal, quizá demasiado para mí.


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My rating: 4 of 5 stars
El libro es una exquisitez. Es un cuento onírico en el que es sencillo y gratificante entrar en el universo infantil de una niña cuya imaginación es desbordante. La autora es una de las grandes de la literatura española, por lo que poco diré sobre su prosa y su calidad, son magistrales ambas. Un regalo para unas navidades, un lujo para unas vacaciones. La imaginación siempre conmueve, es el arma más poderos, es "la loca de la casa". 



My rating: 5 of 5 stars
No puedo esconder que este libro es de los que me tocan la "fibra". Cada una de sus frases, los recuerdos de Hig, la manera en que observa y empatiza con todo lo que le rodea... No es que sea una obra maestra, que utilice un lenguaje rico y onírico. Es otra cosa. A mí simplemente me ha encantado. 


domingo, 28 de diciembre de 2014

Reseñas 23, 24 y 25... Una joya y dos desastres.

La verdad sobre el caso Harry QuebertLa verdad sobre el caso Harry Quebert by Joël Dicker
My rating: 1 of 5 stars

Muy nuy decepcionada. Infantil, escrito a brochazos, personajes superficiales y planos. Una absoluta pérdida de tiempo


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Esto es aguaEsto es agua by David Foster Wallace
My rating: 5 of 5 stars

Este brillante discurso reafirma mi creencia en la indudable necesidad que representa la educación para las personas y para los pueblos en su conjunto. Más allá de los títulos para engordar curriculum y facilitarte un trabajo que te permita hacerte rico, la educación es mucho más valiosa. Es el único arma que permitirá que tengas conciencia de que existe vida antes de la muerte. Que existen otras vidas aparte de la tuya. Alcanzar la preciosa libertad de la que habla el autor, si eres una persona "educada" dependerá exclusivamente de ti.

View all my reviews Dime quién soyDime quién soy by Julia Navarro
My rating: 1 of 5 stars

Dejo el libro después de 300 páginas sin acabar de encontrar la voz de la novela, como creo le ha pasado a la autora. La verdad es que pese a las recomendaciones de familiares y amigos es una novela extensa pero a mi juicio, y con todos mis respetos menor. Quizá me pierda lo bueno al dejarla ahora, pero no soporto la idea de pasar una página más con estos personajes buenos y malos aunque la autora quiera parecer neutral...

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sábado, 29 de noviembre de 2014

Reseña 22, Middlesex de Jeffrey Eugenides

MiddlesexMiddlesex by Jeffrey Eugenides
My rating: 5 of 5 stars

Sencillamente brillante. El ejercicio de escritura que en este libro Jeffrey Eugenides nos regala es de tal envergadura que sólo tras acabar la obra te das realmente cuenta de la grandeza que contiene. Uno de mis escritores favoritos del momento, deseando que nos regale una nueva obra.


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lunes, 8 de septiembre de 2014

Reseñas 19, 20 y 21... Conclusión: víctima he sido de la desidia del verano.

Estos son los tres últimos libros que me han acompañado y sobre los que volveré probablemente.






Chavs: La demonización de la clase obreraChavs: La demonización de la clase obrera by Owen Jones
My rating: 5 of 5 stars

<< ...unos predican una lucha de clases, otros la practican vigorosamente>> George Bernard Shaw


Tengo subrayado casi palmo a palmo este libro que me parece imprescindible. No sólo por las conciencias que puede remover y lo que nos viene a constatar, sino porque aporta luz e incluso nos descubre cómo sin darnos cuenta muchas veces hemos claudicado ante la idea de que la lucha de clases es algo ya superado. Lo cierto es que quizás en España esa "clasificación de la sociedad" no sea tan acusada como en Reino Unido, pero también es cierto que muchas de las políticas que ahora se están llevando a cabo son heredadas de la época thatcherista, época que supuso el mayor crecimiento de las diferencias sociales, además de propagar el actualmente más que instaurado principio de la meritocracia. Su meritocracia tramposa que ignora precisamente la realidad individual o comunitaria de cada un de nosotros.Asusta ver los resultados en UK y pensar en cómo pueden producirse en un país como el nuestro. Ojalá toda mi generación leyese este libro, ojalá lo hiciese la generación de mis padres, de mis primos, de mi hermana. Quizás encontrásemos una forma mejor de convivir sin ignorara la realidad.


View all my reviews El secretoEl secreto by Donna Tartt
My rating: 4 of 5 stars

He tardado unos días en escribir una reseña sobre esta obra. La verdad es que me ha costado deshacerme de los personajes que Donna Tartt ha creado. Indudable talento de esta escritora cuya prosa es sobrecogedora. Deseando coger El jilguero.

View all my reviews Sostiene PereiraSostiene Pereira by Antonio Tabucchi
My rating: 5 of 5 stars

Me cuesta hablar de esta obra que acabo de terminar. Es conmovedora y remueve hasta el más hondo sentimiento revolucionando al más tranquilo que lo lea. Maravilloso

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sábado, 2 de agosto de 2014

Consejos de verano




Como a todos a los que quiero, a veces me agotan esos mensajes positivos del tipo: "cree en ti", "lucha por tus sueños", "querer es poder"... Este tipo de eslóganes que hacen aquellos que pueden permitirse creer que han hecho sus sueños realidad gracias y sólo gracias a su esfuerzo y al hecho de que han creído realmente en ellos. Si bien esta línea de pensamiento me parece pueril y muy desapegada de la realidad, a veces consejos de ese tipo, de los que animan y llenan de coraje, me parecen necesarios. Por eso me gusta este vídeo, sacado de un artículo de una periodista americana, Mary Schmich, y que yo he descubierto a través de este blog que a veces peca (y mucho) de lo anteriormente señalado.




Críticas aparte, los consejos vienen de alguien mayor que yo, con más vida, más éxitos, más fracasos, más palos y más lágrimas. Sólo por eso creo que vale la pena echarle un vistazo leyendo atentamente lo que nos quiere decir. A fin de cuentas, filtros solares aparte, vivir es el gran consejo, el gran objetivo, el gran reto. Llega a casa relativamente tranquila, mínimamente feliz, levántate sabiendo que ayer no heriste a nadie, que intentaste ayudar, mira la cara de tu perro mientras agita la cola cuando te vistes, levanta los ojos del libro que estés leyendo y observa su rostro justo antes de dar un beso de buenas noches. Reparte besos de buenas noches, abrazos y acaricia la nuca de la persona que quieres. Estos son mis consejos, me los doy a veces, muchas otras no los sigo, pero intento repetírmelos. Lo mejor que tienen es que son gratis, aunque no nos engañemos, son un verdadero lujo. Como un paseo tranquilo, una buena conversación o la alegría de saber que te quieren.






pd: el blog apunta consejos interesantes, a veces frívolos, a veces pueriles, a veces inútiles... pero que son pequeñas inyecciones de "ganas", eso que a veces también nos falta... Además tiene unas fotos bonitas.





domingo, 13 de julio de 2014

José Luis Pardo y sus artículos en El país.

He descubierto recientemente a un colaborador de El País, José Luis Pardo, que es filósofo y escribe verdaderas joyas en el diario. Lo descubrí a raíz de una tribuna sobre lo que está cambiando el "hacer" y el "presentar" en el mundo de la cultura y, como ello, es fruto de nuestro declive intelectual. Gracias a este artículo me he puesto a leer muchos otros anteriores y recomiendo que todo aquel que tenga un ánimo tranquilo y reflexivo los lea y los disfrute, algo que es imposible no hacer. 



Quiero compartir uno de los que más me ha interesado por lo que implica la reflexión que plantea. ¿Son fáciles las humanidades? O, al menos, ¿son más fáciles que las ciencias o enseñanzas más técnicas? ¿Por qué se exige un número menos de aprobados a un becario de enseñanzas técnicas que a otro de enseñanzas "de letras"? No tiene desperdicio. Todavía disfrutamos de cosas que merecen la pena en este diario que poco a poco se va empobreciendo...

http://elpais.com/elpais/2014/06/12/opinion/1402599468_450394.html  (10/07/2014)




¿Son fáciles las humanidades?



En medio de los grandes vendavales electorales y sucesorios, ha pasado sin pena ni gloria la noticia de que el Ministerio de Educación español ha rectificado ligeramente la política de becas, rebajando la exigencia de aprobado por curso del 50% al 40% de los créditos en los estudios de ingeniería, arquitectura y grados de ciencias; ya antes de esta corrección la exigencia para becarios de las carreras técnicas y científicas era inferior a la nota que se pide a los de humanidades. Lo más interesante de esta decisión es la argumentación que la justifica, que evidencia un consenso universal acerca de que las carreras de ciencias exigen un mayor esfuerzo que las de humanidades.
Las razones de este consenso pueden ser cuantitativas y cualitativas. Las cuantitativas son meramente estadísticas: los alumnos de ciencias tardan más en titularse que los de humanidades. Pero los expertos que desde hace años tienen en sus manos la reforma de las universidades públicas habrán alumbrado alguna hipótesis acerca de las causas de tales estadísticas. A mí se me ocurren tres. Una: que los estudiantes de ciencias son menos inteligentes que los de humanidades, asunto que no comentaré porque no creo que queden mentecatos que ignoren que la inteligencia se reparte igualitariamente entre los estudiantes potenciales de todas las carreras. Dos: que los profesores de humanidades son peores (más ignorantes o menos exigentes) que los de ciencias. Y tres: que los de ciencias enseñan peor que los de humanidades.
La segunda no me parece descartable a priori, porque los rumores de que algunos grupos de humanidades en la enseñanza secundaria se componen como una suerte de “batallón de los torpes” son muy insistentes desde hace tiempo, y no sería de extrañar que se arrastrase un cierto déficit de conocimientos desde el pupitre hasta la cátedra, que podría tener tales consecuencias. Si así fuera, se debería a que esos grupos de humanidades de secundaria sirven de refugio a aquellos a quienes se les resisten las matemáticas o la física, lo cual nos situaría en la tercera de las razones enumeradas: que quizá la culpa de este carácter terrorífico de las asignaturas científicas resida en la falta de calidad de la enseñanza de las mismas, que las hace incomprensibles para un segmento notable del alumnado. Si fuera esta la causa de la diferencia entre unos y otros estudiantes, el Ministerio de Educación estaría llamado a resolver el problema elevando la calidad de la enseñanza secundaria, algo con respecto a lo cual sus responsables se han llenado profusamente la boca en los últimos tiempos, aunque las decisiones estructurales tomadas en relación con ello (reducción del profesorado, aumento de la carga docente, fragmentación del currículo, precarización de los contratados) contradicen a menudo tan buenas palabras.
De la inacción en este terreno deduzco que dichos responsables entienden que la causa de la disimetría no reside en la calidad de los alumnos ni de los profesores, sino en la naturaleza misma de las asignaturas, lo que nos lleva directamente a las razones cualitativas. Pues aunque no quede nadie capaz de echar la culpa a la inteligencia (o falta de la misma) de los estudiantes, estoy convencido de que quedan bastantes dispuestos a defender que las materias de ciencias son más difíciles que las de humanidades. A estos querría recordarles que no ha de confundirse la dificultad con la utilidad. Y si se trata para ellos de esto último (de defender la superior utilidad de las ciencias sobre las humanidades), siento tener que advertirles de que la cuestión de lo que es o no más útil para los hombres no es una cuestión científica ni técnica sino, por el contrario, plenamente humanística, y que tendrán por tanto que armarse de argumentos filosóficos y éticos para defender su posición, para lo que no basta simplemente con señalar la altura de los rascacielos o de los puentes intercontinentales, sino que hay que tener en cuenta también a los que se tiran desde los rascacielos y a los que no pueden atravesar los puentes.
Pero como no es de la utilidad de lo que se trata, sino de la dificultad, reto a quien sea capaz de ello a que me demuestre por qué es más difícil manejar con soltura las ecuaciones de la relatividad que la diferencia entre juicios analíticos y juicios sintéticos a priori, o que se necesita más esfuerzo para familiarizarse con la noción de spin que con la de voluntad de poder. Puedo admitir que la dificultad en cuestión es, en las ciencias y las técnicas, predominantemente intelectual, mientras que en las humanidades este tipo de dificultad (también decisiva) coexiste con otra que, como decía Wittgenstein, atañe a la voluntad y no solo al entendimiento. Pero eso no significa que una dificultad sea superior a la otra, ni que quienes estudian carreras técnicas o científicas dejen por ello de estar necesariamente interesados en las implicaciones de la distinción de los juicios sintéticos a priori o de las ideas platónicas (que en ningún caso son asuntos “técnicos”); ni que quienes estudian carreras humanísticas deban ser ajenos al trasfondo conceptual de las ecuaciones de la relatividad o de la noción de partícula microfísica.
No es, pues, la ventaja que se da a los becarios de ciencias sobre los de humanidades lo que me preocupa, sino la frescura con la que se hacen pasar por “evidencias” que justifican esas decisiones unas razones cuya aceptación presupone la degradación de lo humano, sin aceptar siquiera la responsabilidad que de ello se deriva, es decir, la de promover ciertos ingredientes de lo humano y descartar otros como si fueran susceptibles de un “recorte” tan alegre como el que se hace con los presupuestos públicos para estabilizar la deuda y como si la humanidad de los hombres pudiera graduarse de acuerdo con las expectativas económicas.
Lo que me sorprende es la facilidad con la que admitimos explicaciones inaceptables, como las que dan por sentada la superioridad del cálculo de resistencia de los materiales sobre el “procesamiento” conceptual y sensible necesario para componer un soneto de los de Shakespeare o una Gymnopèdie de las de Erik Satie, de la misma manera que me sorprende la docilidad con la que nos avenimos a la reducción de lo humano al Homo faber o al Homo oeconomicus. Lo que sí veo claro es la íntima conexión entre esa presunta primacía de lo tecnocientífico y esta rebaja del hombre a bestia de labor o a vendedor y comerciante de sí mismo.
José Luis Pardo es filósofo.