Por pequeño que seas nada te impide estar tan loco como el que más. -Firmin, de Sam Savage-
domingo, 17 de febrero de 2013
sábado, 9 de febrero de 2013
El peor resultado
He oído alguna vez, hace tiempo (cuando éramos ricos, ricos como país, porque como ciudadanos no lo hemos sido nunca), alabanzas por parte de muchos hacia aquellos que podían tirarse en televisión minutos hablando sin decir nada. Elogios a políticos, economistas o presidentes de patronales y sindicatos que no contestaban a las preguntas de los periodistas, que se iban por la tangente o incluso le daban la vuelta. Se veía como una buena cualidad del político el tener una verborrea de campeonato que escurriera el bulto, no dijese nada e inventase eufemismos para todo. Esto daba valía a la persona, demostrando su profesionalidad. Yo también me quedaba impresionada por esa capacidad de algunos agentes sociales que participaban en distintas tertulias televisivas o radiofónicas y no decían nada, eran interpelados por algún que otro periodista incisivo (rara avis) y no decían nada. Bien, esto no me parecía despreciable, pues yo también sentía que era lo propio del político, y yo también sentía que éramos ricos. Lo que ocurre es que la realidad se nos ha presentado sin eufemismos ni rodeos, tan clara y tan potente que resulte vergonzoso como siguen manejando la situación los que ahora nos gobiernan y los que "oficialmente" nos representa.
Leía en el blog de Antonio Muñoz Molina esa costumbre instaurada de no llamar a las cosas por su nombre, no decir "privatizar" sino "externalizar la gestión", al igual que se empezó a utilizar la expresión "daños colaterales" para las víctimas inocentes de los conflictos bélicos, y ahora todos la utilizamos y la vemos como algo con sentido, con contenido, no como una expresión vacía y criminal. Como no se podía decir "crisis" en la campaña electoral del 2008 sino desaceleración económica; o como ahora, que no se dice que nuestro presidente desprecia al Congreso y por extensión a toda la opinión pública, sino que son "cuestiones de agenda" sus escasas comparecencias ante las Cámaras. La falta de respeto ya no llega solo en el contenido de las no explicaciones que dan a todos y cada uno de los escándalos que se filtran, ahora también está en la forma. Presentarse ante la prensa de tu país como lo hizo Rajoy hace una semana es sin lugar a dudas la falta de respeto más escandalosa que he vivido como ciudadana adulta y con derecho a voto. Es que no sabe él lo importante que es en una sociedad democrática el derecho a la información, o es que está tan seguro de esa base social acérrima a su partido que no necesita razones y que siempre le darán su apoyo. Parece que sólo a ellos se dirige el presidente, que sólo para ellos gobierna. La frustración de tantos al ver como en este país nadie da explicaciones, nadie siente que tiene que darlas, debe recordarles a muchos a aquélla que sentían en años muy recientes de nuestra historia en los que las explicaciones a los poderosos ni siquiera se les pedían. Que en este país la gente mienta libremente, engañe y actúe de forma nada ética sin que ninguna dimisión se produzca, que sigan inventado expresiones sin sentido, creando conjunciones que nada dicen. Cómo se puede permitir que en este país la ministra de trabajo, perdón, de Empleo y Seguridad Social, diga que está "muy moderadamente satisfecha" con las cifras del paro; que lo diga además en sede parlamentaria sin que nadie ponga el grito en el cielo. ¿Es que tan tontos les parecemos?, la rabia que muchos sentimos al escuchar estas palabras es sólo la guinda de este pastel de desprecio y falsa oratoria que sufrimos desde hace muchos años. Lo que ocurre es que el daño mayor que se nos puede hacer está perpetrado: no es que no nos demos cuentas de que como tontos nos tratan, es algo peor, estamos convencidos de que no hay alternativa ni esperanza, comulgamos con ruedas de molinos ante este crimen porque han conseguido que todos creamos que es lo que los políticos hacen, que no hay que esperar otra cosa, que no van a dar explicaciones, ni abrir un debate real sobre nada porque es lo propio de todo el que gobierna. Este es el más triste de los resultados posibles de estas operaciones de eufemismo y palabras, palabras y palabras que no dicen nada.
sábado, 2 de febrero de 2013
Vidas reales y "La vida imaginaria" de Mara Torres
Acabo de terminar el libro que tú me has regalado, experimento esa sensación agradable de terminar una joyita fácil y optimista. La vida imaginaria de Mara Torres me ha llevado a escuchar otra vez a Vetusta Morla, a recuperar todo aquellos que era mío antes de ti, pero que nunca he perdido estando contigo. Me ha llevado a revivir todo eso que hemos pasado juntos, todo eso que no cambiaría jamás. Ni uno solo de los días. Ni un solo momento. Todo lo que ha pasado quiero que se quede como pasó. Con todo el drama y con todos esos difíciles momentos que no me duelen porque tú los has conseguido transformar en anécdotas. Anécdotas y recuerdos que conforman esos inicios almodovarianos y literarios con los que yo soñaba. Comienzos que hoy nos roban una sonrisa. Hasta eso me has dado. Hasta eso. Permitirme vivir la historia de pasiones y locuras que no sabía que fuera de los libros pudiese acabar así, como un amor sano, feliz, normal. ¿Normal?, este adjetivo del que los amantes huyen por querer creerse siempre extraordinarios, tú y yo no lo tememos. No nos asusta. No necesitamos una canción, una fecha, un lugar. ¿Es esto la vida real?¿Es posible? Pasado el tiempo de adaptación, los créditos de nuestro film, empieza la historia real de mi vida, la mía contigo, la mía conmigo. Y justo cuando más cerca estoy de ti, justo cuando más nos apoyamos, siento que no tengo que temer a desdibujarme en la historia de pareja, en el nosotros. Ese miedo que existía en mí, miedo que existía en nosotros, miedo a perdernos en una vida de dos. Justo en este momento eres tú el que me hace permanecer cerca y fiel a mí misma, a la persona al completo que he sido siempre. Esto es real aunque parezca una fantasía.
"...nos quedan muchos más regalos por abrir..."
miércoles, 26 de septiembre de 2012
El aplauso
Es difícil imaginar qué pasa por la cabeza de los que llevan
las riendas de este país. Difícil intentar saber qué opinión real les merece la
situación que vivimos y, como no, sus propias actuaciones, qué reflexionarán,
si lo hacen, de sus medidas, sus actos, sus mandatos y sus supuestas
soluciones. Digo que es difícil imaginarlo porque es más difícil todavía creer
que opinan lo que nos dicen; pensar que realmente creen en estas medidas y defienden
como la “única y mejor manera” las
actuaciones que en general llevan a cabo.
No pueden pensar, como constantemente, repiten que esto es lo mejor para
nuestro país.
Debe ser la postura
del partido que apoya mayoritariamente al gobierno, ese que parece llevar en
campaña desde 2004, algo que por otra parte debe ser agotador, también para el
intelecto, por supuesto.
Debe ser la postura del partido esa ansia incomprensible por
el aplauso. Aplaudir y jalear toda intervención de los miembros del partido que
ocupan plaza en el gobierno. No puede ser que todos y cada uno de los
parlamentarios del partido tuvieran
espontáneamente un ansia irrefrenable por aplaudir y jalear al presidente del
gobierno cuando anunciaba las medidas durísimas y que dejaban en una situación muy complicada, más complicada aún, a muchos ciudadanos, muchos que confiaron precisamente en ellos para una salida posible y mejor de
esta ya manida crisis. No creo que a nadie al que se le presuma un mínimo de
responsabilidad pública no sienta un pellizco de sonrojo o de vergüenza al apoyar
aquél paquete de medidas y, sin embargo, se escuchaban aplausos y casi vítores
similares a los que se ven en La Aldea del Rocío cuando la virgen sale de la ermita,
sólo se echaba de menos el “guapa, guapa”
tan típico de los fieles del sur. ¿Cómo fue eso posible?
Lo que pasó ayer en
Madrid es una muestra del dolor que existe en este país actualmente. Las
durísimas cargas policiales no voy a entrar a juzgarlas, no sé si son
necesarias o no, si es lo que tocaba para frenar a una “minoría” peligrosa que
parece poder llevarnos a una estado policial cada vez que alguien levanta la
voz. Sí sé que no son deseables en democracia. Esto me parece de sentido común.
Es por esto por lo que escuchar después al Ministro del Interior felicitar alegremente a la policía por lo
ocurrido y más aún calificar de “magnífica” o “espléndida” la actuación de los suyos.¿Cómo ha sido esto posible?
No pido que
investiguen ni que tomen medidas disciplinarias, ni siquiera que se puedan
plantear la posibilidad de que hubiera algún tipo de abuso policial. Lo único
que no esperaba era desde luego un nuevo
aplauso. Aplicar los adjetivos de magnífica y espléndida actuación a palos y
actos violentos me parece cuanto menos inapropiado. El descrédito que nuestros políticos denuncian
de su profesión es inalienable a declaraciones como éstas y actuaciones como las primeras, a los aplausos que entre ellos se brindan. Lo de ayer no fue una movilización de grupos antisistema o
antiglonalización, esos que se manifiestan en todas y cada una de las cumbres
del G8; no son jóvenes ingenuos persiguiendo de forma violenta teorías
políticas utópicas e irrealizables. Son personas que viven peor que hace sólo
tres años y a los que se les está
exigiendo que esperen sentados y callados un malvivir seguro para ellos y sus
hijos y nietos. Es imposible aplaudir el
camino que nos lleva a esa meta.
martes, 25 de septiembre de 2012
Qué tierra.
Echar de menos una tierra, un lugar, era algo que escapaba a mi entendimiento, pues siempre creía que allí donde estuviesen los míos yo me sentiría en "mi tierra".Lo cierto es que siempre me había hasta jactado de un desarraigo que me hacía más independiente, al menos ante mis propios ojos. La realidad es que vivía en un engaño. Al abandonar Galicia he descubierto porqué es en ese lugar donde nació la palabra morriña. No es que los gallegos tengan una naturaleza más nostálgica que el resto de los españoles, en mi humilde opinión es la propia tierra la que hace que cuando la abandones sientas que has dejado escapar un paraíso vital. Echar de menos los montes, húmedos y solos en los domingos que los visitaba; sus playas de invierno grises y alborotadas donde pasear abrigada con un viento fresco, fresco, en la cara que te hiela el rostro y te saca una sonrisa; esas calles de sus villas empedradas el olor a humedad y a cultura que se da en cada una de ellas. No sólo echo de menos la Galicia de los días de lluvia, esos días gallegos de sol son universalmente conocidos, no conozco una persona que no aprecie la exquisita belleza de su paisaje cuando el sol aparece. En fin que no sé si es mi parte gallega, y sea real el tópico que habla de los gallegos como personas melancólicas, "morriñentas" o es que simplemente una vez la has catado, no puedes dejar de desear volver a vivirla, seas de donde seas y vayas adonde vayas...
lunes, 10 de septiembre de 2012
La cultura del 21
Empieza septiembre lo que hace
parecer que estamos de vuelta del verano, que no de viaje ni de vacaciones
porque este año, este verano me ha quitado las ganas de casi todo. Aunque más
que las ganas ha quitado la posibilidad de muchas cosas, como de ir al cine
este otoño, de darme un pequeño lujo en la peluquería, de hacer algo
extravagante como comprar un cd… Todo esto, y mucho más, es mucho menos posible
a partir del día 1 que nos ha subido los precios y nos ha bajado los “poderes
adquisitivos” de mucho de nosotros.
Muy sangrante es la subida del
IVA de la cultura que hace que sea de las más caras de toda Europa. La realidad es que este hecho ha indignado
mucho a los medios de comunicación y a “culturetas” elitistas así como a todos
aquellos que viven de la música y que se unieron a la guerra contra internautas
en la batalla contra la piratería. Pero no ha parecido molestar a gente de
otros sectores. Esto es así porque a veces olvidamos que la cultura es
necesaria, insisto necesaria, para todos. Este verano escuchaba una entrevista
en la magnífica (hasta este verano por lo menos) Radio3 con la científica
Margarita Salas y mientras explicaba las diferentes etapas de su carrera ponía banda
sonora a las mismas. No faltaba Bach, no faltaban óperas ni conciertos de las
orquestas de aquellas ciudades donde había vivido y ejercido su profesión. La
realidad es que no existe entrevista con médico, investigador, matemático u
otra cualquiera persona de ciencia en la que no cite a un escritor, filósofo,
poeta o músico. La cultura es un conjunto unitario que el ser humano necesita.
Está claro que no es el oxígeno ni el alimento, pero también es claro que todos
los personajes relevantes de la historia de la humanidad eran personas cultas,
fuese cual fuese su campo. Está claro
que con el terrible recorte que ha sufrido la investigación científica en este
año andarán mucho más preocupados por ese tijeretazo que por el hecho de
comprar una entrada a un espectáculo mucho más cara, pero lo cierto es que todo
hombre de ciencias necesita para su completo desarrollo alimentarse de los
campos propios de las humanidades, necesita de Proust, de Joyce, de
Rossellini y de Bergman. Es inseparable
y por todo esto es fácil imaginar el tremendo daño que nos va a causar que la
cultura sea un artículo “común”, un bien más, que no sea considerado necesario
ni disfrute de un impuesto reducido.
Está claro que no nos salvaría de ser rescatados ni aumentaría la
confianza que ya no tienen los mercados en nosotros, pero nos haría mejores y
nos ayudaría a intentar sobrevivir. Porque si algo nos da el cine, la música,
la danza y el teatro es la posibilidad de abstraerte y regalarte un pedacito de
ilusión, y esto en este momento es como el oxígeno o el alimento, al menos para
mí. Nos queda un resquicio, inmenso, de esperanza: los libros, siempre que no
sean electrónicos, es esta la cultura del 21, que no del siglo XXI.
jueves, 19 de julio de 2012
Otra oportunidad
Voy a intentarlo, a ser un poco optimista y presenciar un "brote verde" en mi... Aunque cuesta mucho, pero no quiero entristecerme (o indignarme) antes de tiempo. Lo cierto es que no quiero pensar tan mal del nuevo presidente de RTVE aunque para esto tengo que esforzarme y mucho.
RTVE ha sido durante estos últimos años mi página de cabecera. Así de claro, la usaba creo que hasta más que Google. Si quería informarme de algo: rtve.es; si quería conocer cómo había reaccionado España ante una victoria deportiva de alguno de los nuestros: rtve.es; si quería decidir qué película ver cuando estaba perdida: rtve.es; si quería alguna sugerencia para escuchar música: rtve.es. Siempre y casi a todas horas gracias a su impagable Alacarta. Ese almacén de cultura y entretenimiento. Por las mañanas arreglaba la casa con Juan Ramón Lucas; por la tarde me entretenía con Toni Garrido y su prole, a cualquier hora escuchaba gracias a sus podscast la que ha sido mi banda sonora de los últimos tiempos: A todo Jazz, Toma Uno, Cuando los elefantes sueñan con la música (gracias infinitas Berna). Todos y cada uno de los fantásticos espacios (de filosofía, viajes, literatura, entrevistas...) que han hecho que la radio y la tele pública sean mi primera y mejor opción. El miedo es infinito. Temo por Ana Pastor, Pepa Bueno, Mara Torres, creo que hasta por Punset!! Pero ¿cuál es la razón de este descaro? No puede ser su amiguismo al partido saliente del poder, porque no lo he notado jamás. Creo que han sido justos críticos con todos. ¿Será su neutralidad, su no obediencia total al partido entrante? Qué descaro.
Quiero pensar bien. Quiero que todos mis tiempos en pretérito imperfecto puedan tornarse presentes dentro de dos años cuando escriba, o hable, con alguien de lo mucho que uso, disfruto, veo y me informo con la tele y radio públicas. Tengo que ser optimista, o ingenua o una crédula porque sólo la idea de pensar que no es así, que se lo van a cargar me dan ganas de llorar.
RTVE ha sido durante estos últimos años mi página de cabecera. Así de claro, la usaba creo que hasta más que Google. Si quería informarme de algo: rtve.es; si quería conocer cómo había reaccionado España ante una victoria deportiva de alguno de los nuestros: rtve.es; si quería decidir qué película ver cuando estaba perdida: rtve.es; si quería alguna sugerencia para escuchar música: rtve.es. Siempre y casi a todas horas gracias a su impagable Alacarta. Ese almacén de cultura y entretenimiento. Por las mañanas arreglaba la casa con Juan Ramón Lucas; por la tarde me entretenía con Toni Garrido y su prole, a cualquier hora escuchaba gracias a sus podscast la que ha sido mi banda sonora de los últimos tiempos: A todo Jazz, Toma Uno, Cuando los elefantes sueñan con la música (gracias infinitas Berna). Todos y cada uno de los fantásticos espacios (de filosofía, viajes, literatura, entrevistas...) que han hecho que la radio y la tele pública sean mi primera y mejor opción. El miedo es infinito. Temo por Ana Pastor, Pepa Bueno, Mara Torres, creo que hasta por Punset!! Pero ¿cuál es la razón de este descaro? No puede ser su amiguismo al partido saliente del poder, porque no lo he notado jamás. Creo que han sido justos críticos con todos. ¿Será su neutralidad, su no obediencia total al partido entrante? Qué descaro.
Quiero pensar bien. Quiero que todos mis tiempos en pretérito imperfecto puedan tornarse presentes dentro de dos años cuando escriba, o hable, con alguien de lo mucho que uso, disfruto, veo y me informo con la tele y radio públicas. Tengo que ser optimista, o ingenua o una crédula porque sólo la idea de pensar que no es así, que se lo van a cargar me dan ganas de llorar.
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